Gerardo Enciso, cantautor oculto entre los cuentos del miedo

De boca en boca, como un rumor que supervive al tiempo, a las modas, incluso al calificativo de autor de culto con el que ha sido etiquetado por sus espaciadas apariciones en público e inconseguible discografía, Gerardo Enciso se muestra desde la resistencia con una declaración imposible: “todavía amo a mi país”.

 

“La función de cualquier artista es reflejar su tiempo y no maquillar nada de lo que sucede; es lo que ejerzo desde hace un buen de tiempo”, asegura.

 

De visita en la Ciudad de México, este martes presenta el video de su tema Te besaré, cuarto corte de su más reciente producción discográfica, Es por ti.

 

Con 30 años de trabajo, principalmente en la escena independiente, Enciso se asume como parte de una generación perdida a la cual ni el rock en tu idioma ni el mainstream han hecho justicia. Sin embargo, quienes han escuchado su trabajo lo reconocen como uno de los compositores contemporáneos emblemáticos de Guadalajara.

 

“Hay compositores muy importantes como Jaime López, Armando Rosas, Roberto González, Rafael Catana. Una generación de excelentes músicos que la mayoría de gente no nos conoce”, refiere.

 

– ¿Añora Gerardo Enciso estar en el mainstream?

 

– Sí, por su puesto. No en esa imagen del rockstar ni el winner sino para transmitir esas cosas que cantamos.

 

– El público al que de verdad le interesa escuchar a Gerardo Enciso, ¿lo sigue?

 

– Claro, eso no tiene equivocación. Yo vivo muy bien de la música, pero sí me gustaría llegar a más gente.

 

Nacido en Puebla, con una familia de origen zacatecano, pero con un arraigo en su querida Guanatos, Enciso no acaba de asumirse como uno de los “rupestres”. A pesar de acompañarlos cada año en el homenaje a Rockdrigo González, con respeto marca su distancia.

 

“Cuando llegué a México ya estaban consolidados. Ya era un grupo bien definido. Si yo dijera que soy rupestre sería como si me estuviera subiendo al barco. Después tuve la fortuna  de estar con ellos y ha sido muy grato. Soy fan de los rupestres”. 

 

– ¿Qué recuerdas del Poder Ejecutivo?

 

– En aquel entonces no había absolutamente nada en Guadalajara. Era muy difícil ver conciertos, pero muchos músicos tocaban. Entonces nos tocó salir en un momento en que aparecen un montón de bandas nuevas. El rock estaba un poco prohibido. Veníamos con una buena escuela: los Spiders, la Fachada de Piedra, la Revolución de Emiliano Zapata, Toncho Pilatos. El Poder Ejecutivo surge en ese hueco donde se gesta ese nuevo movimiento de rock mexicano.

 

– ¿Cómo se veía desde Guadalajara ese movimiento?

 

– Pues había cosas muy similares. Había una banda que se llamaba Primer Nivel, había una banda llamada Carmín, haciendo un pop muy interesante. Estaban los Clips. El Poder Ejecutivo hacía rock progresivo. Teníamos unas canciones muy largas, con unas letras muy largas. Estaba experimentando. Luego empecé a hacer todo lo contrario. Es cuando surgió el disco “A contracorriente”. Al Poder Ejecutivo le pusimos así, no por cuestiones políticas, sino porque los músicos que tenía tenían un alto poder de ejecución.

 

– Encontraste la manera de involucrar al rock con el género canción…

 

– Bob Dylan es canción, John Lennon hacía canciones, Chuck Berry también. Luego empezaron los periodistas a ponerse quisquillosos, entonces surgió el “rock urbano”, pues no conozco ningún rock campesino, el rock es citadino. De ese tipo de burradas. Después se utilizó el término por una cuestión Latinoamericana, pero no hay tal separación.

 

– Luego sacas un trabajo con un poeta…

 

–  Sí, con Ricardo Castillo. Esa fue una fortuna. Para mí fue muy enriquecedor con Ricardo que es un poeta mayor. Yo era fan de él. Había leído “El Pobrecito Señor X” justo cuando salió el “A Contracorriente” y Rafael Catana tuvo a bien presentarnos. Ricardo es un camarada que había salido de Guadalajara, estuvo viviendo muchos años en el DF. Regresó e hicimos un disco que se llama “Es la calle, honda” y después hicimos otro que se llama “Borrados”, sobre una ceremonia Cora que se hace en semana santa que se llama La Borrada. Empezamos a mezclar bailarines y un poco de escenografía teatral.

 

– Los tiempos iban cambiando

 

–  Ya cuando fue esto, se empiezan a abrir varios espacios importantes en la ciudad, comienza la organización de más conciertos. El boom fuerte debido ser por ahí de 96 o 97, pero se fueron abriendo con más fuerza por la misma situación política del país y por el hambre que había de actividades culturales.

 

– ¿Qué pasa cuando la música de Gerardo Enciso tiene la oportunidad de entrar a una disquera transnacional?

 

– Ninguna disquera me quería contratar. Las que decían que sí que tenía que cantar o no cantar ciertas canciones. Entonces hablé con el dueño de un estudio de grabación y le propuse un negocio: déjame grabar el disco y vamos a medias. En ese mismo estudio había grabado José Fors con La Cuca su primer disco. Llegaron los empresarios de Culebra y escucharon el disco y les gustó. Ahí tuve chance de ver cómo se maneja la música. Es un desastre. No fue muy afortunado; pedí mi carta de retiro. Había firmado por cinco años y me los tuve que soplar.

 

La creación del sello Culebra de BMG (hoy Sony) fue una estrategia para congelar a algunos músicos; sin embargo, admite que el tema “Daga” obtuvo una difusión amplia, lo que le permitió llegar a otros oídos.

 

“Tarará”, grabado en 2000, es el disco más experimental del autor para el desaparecido Fugazi; cuenta con la participación de Alejandro Marcovich y Ely Guerra. El problema, admite, es la distribución de la música. “Desde la resistencia hemos grabado”, expresa.

 

– ¿Por qué tanto tiempo para sacar un nuevo disco?

 

– Después del rompimiento con la disquera, que me tuvo cinco años detenido y luego que el Tarará terminó no distribuyéndose bien, decidí no volver a grabar hasta que hubiera las condiciones para que saliera decente. Así llega “Es por ti”, el disco más logrado que tengo hasta ahora. No era fácil encontrar quién pusiera la feria.

 

Otro factor que determinó su ausencia en la escena discográfica es que durante la grabación de Tarará es que “nos embarazamos”. La reflexión sobre el acompañamiento que debe tener un hijo lo llevó durante muchos años a explorar otro terreno de la existencia.

 

“Ahora mi hija acaba de cumplir 15 años, prefiere estar con sus amigotes. Ya me está dando chance de volver al redil. Entonces estoy en eso, vuelvo a promocionar este disco que se llama Es por ti”.

 

– Tienes canciones que parecen postales de su época

 

– Amo a mi país y Daga son canciones que han resistido el paso del tiempo. Esos temas ya los traté en ese tiempo, parece ser que han resistido y siguen muy actuales. Pero en Es por ti, las letras van encaminadas hacia estos tiempos oscuros que estamos viviendo. Estamos viendo cosas bestiales Una orfandad horrible. Para contrarrestar todo este mal debemos hacer progresos en el bien. Si en aquel entonces era necesario decir las cosas porque nadie las decía. Ahora debemos no clavarnos en unos mismo, reflejarse en el otro y tratar de ser más humano. Cuidarnos de esa orfandad. Si cambiamos hacia el pensamiento positivo vamos a calmar esta barbarie.

 

“La mayoría de la gente piensa que la música es el sonido, y no, es el silencio el que canta. Antes de dar una nota, está la emoción; en las letras, mientras más sincero seas, llegas a la gente. Porque las letras hay que plantearlas no desde el yo, más bien desde el nosotros”, agrega.

 

Concluye con la advertencia para quienes lo admiran o lo consideran ajeno: estoy de regreso para promocionar este disco, que no pude promocionar bien debido a un accidente y me presento en varios escenarios de país". Su figura se encamina hacia el foro Alicia. Parece despedirse con una sentencia: “mírame desaparecer”.